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domingo, 20 de octubre de 2013

El padre, el hijo y el burro

Erase una vez, un padre, su hijo y su burro, que venían de la dehesa de cuidar del ganado.
En el camino el padre se sentó encima del burro, mientras el hijo tiraba de el. Cuando se cruzaron con una señora y viendo la estampa, dijo "¿ pero como un padre, puede obligar a su hijo a tirar del burro, mientras el va cómodo a lomos de este ?,¡¡¡ es vergonzoso que un padre consienta tal cosa !!!". Ellos dos se miraron avergonzados,  y se cambiaron los puestos.
Siguiendo el camino, estando el hijo sobre la bestia, y el padre tirando de el., se cruzaron con un arriero que viendo la estampa dijo, "¿ pero como un padre puede ir a pie tirando de un burro, teniendo un hijo tan fuerte y joven ?, ¡¡¡ es vergonzoso que un hijo consienta tal cosa !!!!. Ellos se volvieron a mirar avergonzados, encontrando como única solución las las criticas ir los dos a pie.
Continuando el sendero, se les cruzó un peregrino que les dijo "¡¡¡ me parece increible, que teniendo un animal de tan buen porte, tengan los amos que ir a pie pudiendo ir a lomos de este !!!". El padre y el hijo se volvieron a mirar, sin saber una vez mas el que decir al respecto,  creyendo que ir los dos en los lomos del burro, seria una buena idea.
Ya a mitad de camino, estando los dos a lomos del animal, se cruzó un cura, que viendo la estampa les dijo "¿ no les da vergüenza ?, ¡¡¡ que un pobre animal, ya mayor, tenga que soportar el maltrato de sus amos, teniéndolos que llevar a lomos, desde vaya usted a saber donde !!!"
MORALEJA: Haz lo que creas que es correcto, como hagas caso a los demás, podrás acabar llevando el burro a hombros.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Empuja la vaquita

Un maestro samurai paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de realizar visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias. Llegando al lugar constató la pobreza del sitio: los habitantes, una pareja y tres hijos, vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado; la casa, poco más que un cobertizo de madera...

Se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: “En este lugar donde no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen para sobrevivir? El señor respondió: “amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.” 

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, se despidió y se fue. A mitad de camino, se volvió hacia su discípulo y le ordenó: “Busca la vaquita, llévala al precipicio que hay allá enfrente y empújala por el barranco.”

El joven, espantado, miró al maestro y le respondió que la vaquita era el único medio de subsistencia de aquella familia. El maestro permaneció en silencio y el discípulo cabizbajo fue a cumplir la orden. 

Empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante muchos años.



Un bello día, el joven agobiado por la culpa decidió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar. Quería confesar a la familia lo que había sucedido, pedirles perdón y ayudarlos. 

Así lo hizo. A medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy bonito, árboles floridos, una bonita casa con un coche en la puerta y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y fue recibido por un hombre muy simpático. 

El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años. El señor le respondió que seguían viviendo allí. Espantado, el joven entró corriendo en la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacia algunos años con el maestro. 

Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita): “¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?” El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que puedes ver ahora.” 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Jonathan & Charlotte






miércoles, 5 de junio de 2013

Palabras

“La fuente del amor es profunda en nosotros, y podemos ayudar a otros a alcanzar mucha felicidad. Una palabra, una acción, o un pensamiento pueden reducir el sufrimiento de otras personas y traerles alegría. Una palabra puede dar consuelo y confianza, destruir dudas, ayudar a alguien a evitar errores, reconciliar un conflicto, o abrir la puerta a la liberación. Una acción puede salvar la vida de una persona o ayudarle a aprovechar una oportunidad única. Un pensamiento puede hacer lo mismo, porque los pensamientos siempre preceden a las palabras y acciones. Sí hay amor en nuestro corazón, cada pensamiento, palabra, y acción puede lograr un milagro. Debido a que la comprensión es la base misma del amor; las palabras y acciones que emergen de nuestro amor son siempre útiles.” ~ Thich Nhat Hanh en su libro Peace is Every Step (Paz es Cada Paso)